Como en su día ocurrió con la irrupción del vídeo y el formato super 8, el vídeo digital ha propiciado el abaratamiento de la producción cinematográfica, aunque también la intrusión de artistas y obras mediocres, amparados bajo las comodidades de la tecnología moderna. Del mismo modo la música también ha participado en este proceso de discutible democratización, aunque el ojo y oído sensibles siempre penalizarán la falta de fibra orgánica, contrapunto más que necesario a muchas pedanterías de la era digital, sean del tipo que sean. ‘The Girl from Monday’ no es caprichosa como lo fue aquel ignoto experimento de Mike Figgis en el empleo de este formato, desde que la frialdad de sus imágenes (uno de los múltiples sellos de Hal Hartley) se intensifica positivamente gracias a la textura digital.
Si en ‘Flirt’ Hartley señalaba muchas de las flaquezas del amor contemporáneo, con la incomunicación e ineptitud emocionales como síntomas más acusados, aquí lleva ese concepto hasta la más desoladora de sus conclusiones, vestido como fábula de ciencia-ficción, tan terrorífica en su cruda pero probable exposición como lo es la reciente ‘Children of Men’.
En una época inconcreta, Major Multimedia Monopoly regula un supuesto estado de prosperidad económica y social, donde los ciudadanos, valorados como capital, incrementan su solvencia si mantienen relaciones sexuales sin vincularse sentimentalmente. Partiendo del personaje de Jack Bell, un publicista que trabaja para la agencia que encumbró a la triple M en el poder, Hartley desdibuja visual e ideológicamente a sus personajes. Desde Jack Bell, que arrastra su culpa como catalizador del nuevo orden (que ahora redime liderando un movimiento revolucionario en la sombra) y añora a su difunta esposa, hasta Cecile, la asistente de Jack, quien se muestra insegura a la hora de tomar decisiones amorosas. La aparición de Nobody, habitante del planeta Monday, resultará lo más parecido a aquellas mujeres que sabían y no temían amar, pero cuanto más tiempo permanezca en nuestro planeta y más intime con nosotros mayor es el riesgo de que quede atrapada en su encarnación terrenal…

De nuevo Hartley apela a su particular socialismo emocional mediante la inclusión de un más que significativo guiño: la lectura de ‘Walden’ está penada, ya que es el libro que el movimiento que Jack lidera utiliza para concienciar a las personas de la creciente deshumanización que sufre el mundo. Al mismo tiempo los convictos están obligados a ejercer como profesores de instituto, se reprime la adrenalina adolescente a base de sedantes y la triple M comercializa un refresco con el que mantenerlos bajo su yugo. Refresco del que Jack y su amigo doctor descubrirán sus efectos.
Hartley, como siempre, jugando con la serie B y usándola para agilizar su discurso. De nuevo resulta efectivo, divertido, y aún así invita a la reflexión. Es inevitable quedar roto tras visionar ‘The Girl from Monday’, tan cercana en el tiempo resulta la hipótesis planteada. Otra constante en la obra de Hartley es la etereidad de sus personajes, que aquí encuentra en Nobody el más, literalmente, celeste de todos ellos. Se prescinde del habitual y generalizado tono alegórico que vertebra la mayoría del cine de ciencia-ficción, reinventando el género desde su personal estilo y manipulando el estado de ánimo del espectador antes que pretender desvirgar su himen visual. Sólo se cuentan algunas maniobras primitivas como el blanco y negro en algunos pasajes o el detener algunos fotogramas; con la única intención de enfatizar, jamás de epatar.

Sólo el reparto, con un Bill Sage descorazonador en la piel del atormentado Jack Bell, y las bellísimas Sabrina Lloyd y Tatiana Abracos, suaviza el largo descenso que supone el film. Largo descenso, así lo dice Sage en una escena de un crudismo conmovedor. La música, como siempre, minimalista y genial.
Ciencia-ficción verdadera, ácida y en ocasiones absurda, como es de esperar en el extraterrestre Hartley. A ratos trágica, altamente emotiva también, hasta un nivel díficil de relatar. Eso si se simpatiza/empatiza con su particular universo, claro.
Escrito en DRIVE-IN









