
Dicen que el crepúsculo de Charles Dennis Buchinsky comenzó el día en que este entrañable y robusto caballero de viril bigotón y mirada felina se dio a las sangrías callejeras y las vendettas personales. No puedo estar más en desacuerdo con esa opinión, como tampoco suscribo el que esos productos fueran una apología del ultraderechismo más trasnochado y violentista. Ese tipo de opiniones de poso moralista proceden en su totalidad de la progresía europea más marujona, incapaz de ubicarse en el contexto social norteamericano de aquel momento.
Bronson pasó gran parte de su carrera en la retaguardia de grandes títulos como ‘The Seven Magnificent’, ‘The Dirty Dozen’ o ‘The Great Escape’, hasta que cierto día los productores advirtieron el potencial del que tan rocoso intérprete disponía para la acción y el policíaco. Si algunos todavía eran capaces de reconocerle virtudes a films como ‘Mr. Majestyk’, ‘St. Ives’ o ‘Telefon’, no tardaron en condenar al bueno de Bronson por protagonizar, ya convertido en una estrella del género, la exitosa y fundamental ‘Death Wish’. Un producto rudo y poco sutil donde un pacífico arquitecto neoyorquino, ante el desinterés e ineficacia de la policía, emprende una cruzada personal contra los desalmados que mataron a su mujer y violaron a su hija hasta sumirla en un profundo shock.
Es innegable que el que Paul Kersey fuera un arquitecto no era sino una mascarada liberal con la que suavizar la naturaleza de un personaje destinado a convertirse en ejecutor de forma vitalicia. Pero debe entenderse también que el auge que la violencia callejera conoció en aquellos tiempos provocó represalias cinematográficas como la sagas ‘Dirty Harry’ o ‘Death Wish’. Aquí encontramos otra contradicción hipócrita en la que muchos inciden repetidamente: a Clint Eastwood se le han perdonado sus escarceos con la pólvora y la justicia a la carta, mientras que a Bronson siempre le recordarán como a un facha bigotudo.

‘Death Wish 3′ es con toda seguridad el título más sanguinolento de la saga y aquél donde la filosofía kerseyana despliega contundentemente sus preceptos, ya sin el fondo familiar como disculpa para impartir justicia. Es un film muy interesante desde un punto de vista sociológico, pues expone sin tartamudeos moralistas el porqué un hombre traspasa los límites de la legalidad, harto de que sus lagunas y bisagras protejan por igual a un ciudadano honrado que a un delincuente que poco aprecio tiene por la vida ajena. No hay más que rascar en este aspecto: la violencia es el recurso de los débiles, cierto, pero la tolerancia samaritana sólo hace que fabricar monstruos.
Es muy cómodo criticar desde Europa este tipo de cine con el apelativo “fascistoide” de por medio, eso sólo demuestra un enfoque maniqueísta en cuanto a lo social se refiere, bajo el cual un criminal reincidente puede acogerse a los mismos derechos que un hombre inocente; las vías judiciales están obturadas por una ambigüedad malsana que sólo hace que mermar los poderes ejecutivos. Una vez hecho el perfil del gris y miope detractor bronsoniano, el film.
Paul Kersey, tras armar un pollo en Nueva York y escapar a L.A. para montar otro, regresa a la Gran Manzana con la intención de establecerse definitivamente. No tardará en comprobar cómo su barrio se ha convertido en una zona de guerra, donde la policía no aparece ni por asomo y los vecinos se enclaustran en sus apartamentos presos del pánico y la impotencia. Tras encontrarse de nuevo con el pasotismo de las fuerzas del orden, sólo queda llamar a su amigo Willy (un Magnum 475 Wildey, modelo utilizado para la caza mayor),
fabricar sus propias balas en la sala de estar y dar un paseo, comprar un helado y reventarle la médula a Giggler, el gentucilla más rápido del barrio, de un certero disparo. Al poco se arma la de San Quintín y los kinkis se organizan, porque no va a venir un abuelete estreñido a plantarles cara. El barrio se convierte en un campo de batalla, los vecinos empiezan a vitorear a Kersey, el policía que inicialmente hacía la vista gorda sale a practicar puntería junto a su nuevo amigo Paul y… bueno, la justicia ciudadana triunfa.
Todo al ritmo de la electrizante y macarra música que el gran Jimmy Page compuso para este festival de pólvora y rabia popular. Hay también lugar para el romance, aunque finalmente éste fracase, quedando Kersey condenado una vez más a la soledad del ejecutor urbano.
Es cierto que el film peca repetidamente de grotesco, demonizando a los delincuentes y victimizando a los honrados y trabajadores habitantes del barrio, pero aquí el exceso es la máxima a seguir. La violencia es explícita y crudista, como en todo buen film ochentero, e incluso contiene una sórdida y desagradable (por tono más que por grafismo) escena de violación capaz de sacar al Kersey que uno lleva dentro.
Claro que no falta sentido del humor, puro cinismo y amargura cincuentona acentuada por la expresión facial del adorable Bronson, quien aquí ya es todo un héroe de acción al más puro estilo Cannon Films Group. Esta es sin lugar a dudas la entrega más divertida y desprejuiciada de la serie, seguramente gracias al psicotronismo que la Cannon imprimió al producto. Un tipo de cine de acción que difícilmente volverá; una lástima, pues el panorama europeo actual necesita urgentemente de un poco de desfachatez ideológica en su cine. En Italia ya se avanzaron en parte al género de justicieros cuando en los últimos setenta fusionaron sus films de denuncia con los tiroteos desbocados a la americana; que alguien haga algo, por el amor de Bronson. Nos queda eso sí el brutal videojuego que se hizo para los ordenadores de la era 8-bit, una joya de la violencia que hace que los celebérrimos GTA´s parezcan un inocente y rosa producto made in Nintendo.
Acabo este artículo ensañándome de nuevo con esa hipocresía tan hedionda que no teme apreciar las virtudes de ‘Conan the Barbarian’ (película de machotes homicidas donde las haya) o un buen Sam Peckinpah. Yo creo que todo cabe en una sesera bien amueblada, y no es lícito desprestigiar a un hombre de acción como Buchinsky argumentando salpicaduras fascistas y apologías no demostradas.
Bronson Lives!!!
Escrito en DRIVE-IN








