
Otro título polémico, causante de igual o mayor debate que el justiciero inmortalizado por Charles Bronson. Aquí los dardos progres se cebaron (todavía lo hacen) en una serie de cuestiones que sólo existen en su arrogante y pseudofilantrópica imaginación: justificación de la guerra de Vietnam, propaganda de la era Reagan, rasgos fascistas, etc. Esas mismas criaturas amébicas sí perdonan la existencia de ‘First Blood’, digo yo que por la coartada que ofrece inspirarse en una novela y criticar la brutalidad policial.
Si empiezo mi periplo stalloniano por ‘Rambo’ es simplemente porque es uno de los mejores films de acción que existen, le pese a quien le pese. Pero lo que es más importante, lo hago para limpiar el nombre de esta gran obra sobre la soledad, el abuso de poder y la amnesia política. Es hora de quitarle de encima la progremugre [palabro que invento y hermano etimológicamente a "podredumbre", con un par] que se ha vertido sobre ella. ¿Que se hizo de ella un uso propagandístico? Desde luego, pero esa es otra historia que poca relevancia tiene en el marco de la obra.

Esta belicosa introducción es muy parecida a la que prologará el próximo artículo sobre ‘Rocky IV’, cercanísima en el tiempo a la presente y que fue acusada de los mismos pecados. Llevo demasiados años harto de escuchar tendenciosas y demagógicas lecturas en torno a una serie de películas, la mayoría pertenecientes al género de acción. Esa actitud ya pone en evidencia al tipo de gentuza que se cree bendecida por una superioridad moral e intelectual, siempre en busca de alguna excusa que les permita degradar ésta o aquélla obra. Pero lo peor es que esos modismos de gaceta se han extendido al pequeño cinéfilo, larva inculta y subdesarrollada, convencida de entender el noble arte del cine desde que ve muchas películas y lee mucho sobre la materia… A todos vosotros, que os alcance una flecha de punta explosiva ahí donde debiera latir un corazón.

La trama de ‘Rambo’ debería bastar para acallar las endebles polémicas que en torno a ella se han formado. El coronel Trautman visita el penal donde Rambo se halla cumpliendo condena para proponerle una misión: infiltrarse en la jungla vietnamita y comprobar si todavía quedan prisioneros de guerra norteamericanos. Una noble tarea que Johnny acepta encantado (y que rescinde su pena) pero que no tardará en desvelar un panorama ciertamente oscuro. La operación es tan sólo una cortina de humo para acallar a las familias de los desaparecidos en combate, los M.I.A´s, vamos. Rambo es abandonado en plena jungla por el equipo organizador, quedando a merced de una (aquí sí) reaccionaria combinación de facciones: rusos y vietnamitas, rojos aliados contra el capital y tal y cual.
A partir de este momento se desata una orgía de furia y destrucción maravillosa, 45 minutos de adrenalina prácticamente ininterrumpidos, algo me atrevo a decir inaudito en el género. Y debería apuntarse que ese arrebato justiciero que sobreviene al héroe está plenamente justificado, y no políticamente. La muerte de la espía con la que acababa de hacer migas, el fascismo y demencia de la liga roja, el engaño llevado a cabo por la C.I.A. y el gobierno estadounidense… Ese banquete de rabia visceral es un canto a la libertad individual del ser que algunos jamás serán capaces de entender.

Más allá de sus virtudes como espectáculo ‘Rambo’ es un film exquisitamente realizado, más cercano a las directrices del género bélico que a los caricaturescos estilemas que nos legaron los años 80. Superior técnicamente a ‘First Blood’, y es que George Pan Cosmatos le daba sopas con honda al inclasificable Ted Kotcheff, un mediocre operario que como muchos otros ha acabado sirviendo a la televisión más formulista. Debe recordarse la excelente fotografía de Jack Cardiff, creadora de un imponente magnetismo, algo meritorio si de rodar en espacios naturales hablamos. Incluso James Cameron aportó algo de su cosecha al guión, labor de la que no tardó en renegar, actitud muy propia en este egomaníaco realizador. Por otro lado la mano de Sylvester Stallone en este mismo apartado dejó bien claro el talento del que este buen hombre dispone para el cine, capaz de derretirle a uno cuando cuchillo en mano abre su corazón y dice:
“I´m expendable…”
Qué grande que es, dicho esto sin recochineo o vergüenza alguna.

Es cierto que el film contiene algunos momentos relativamente excesivos (malgastar una flecha explosiva en matar a un solo hombre), pero tienen mucho que ver con el aire que toma ese intenso tramo final. Rambo despliega todos sus conocimientos marciales y acaba convirtiéndose en una suerte de monstruo imparable, movido por la frustración de perder una amiga y la impotencia de sentirse utilizado por un gobierno maquiavélico. Una mixtura de hombre y máquina que alcanzará su punto álgido cuando derribe un helicóptero tras fingirse muerto. Antes de eso se preocupa de no herir a los inocentes aldeanos de una villa vietnamita, con lo que su humanidad queda probada.
Una experiencia impagable que se beneficia de la genial y vibrante fanfarria que Jerry Goldsmith compuso, sin la cual esta película perdería mucho fuelle. ‘The Jump’ y ‘Home Flight’ son tal vez las piezas más representativas de un score ejemplar, donde el gusto por la electrónica del maestro ya empezaba a notarse positivamente.
Una verdadera lástima que tan poderosa pieza de cinematografía haya quedado lacrada por apelativos gratuitos y el desprecio que los nuevos cachorros demuestran hacia unas maneras de concebir el espectáculo tan respetables como en desuso.
Como todo lo bueno, y esto lo habrán leído mucho por aquí, su influencia no se extendió. Ni siquiera hasta su tercera entrega, una golosina divertida pero realizada con peor gusto y menor entusiasmo, aunque sí ofrecía algún momento inequívocamente épico alrededor de las flechas de este hombre solo e incomprendido que es John Rambo.
Escrito en DRIVE-IN








