
Inglés de nacimiento pero de sonoridad inconfundiblemente norteamericana, promesa fugaz durante los 80 (no sé porqué lo emparento al caso Michael Paré/’Streets of Fire’) y artesano errante desde la soledad que conlleva practicar pop/rock con nombre propio. Lloyd Cole estuvo muy cerca de lograr el oro, pero en algún momento del camino hubo quien le malinterpretó y le situó en el mainstream, en el pop fácil y acomodaticio, una enfermedad que los grandes Deacon Blue también padecieron de modo similar. Nada de eso; es más, el propio Cole (creo) se rió de esa misma gente titulando ‘Mainstream’ su tercer y último trabajo con The Commotions, la banda con la que muchos siempre asocian su nombre.
Porque dices Lloyd Cole a secas y la mitad de enterados del rock de la habitación se quedan igual. Pero añades The Commotions y entonces, no sé porqué carajo, se les enciende la bombilla. Sí que es cierto que fue junto a ellos con quienes alcanzó sus sencillos más notables, al menos en cuanto a términos comerciales se refiere. Pero también es cierto que la música de Cole no puede disfrutarse desde el oído ansioso, y tras su habilidad para hilar riffs y estribillos dinámicos se esconde un compositor inteligente, un poeta a veces sutil, a veces críptico y otras vulgar y despreocupado. Y claro, alabar a Cole me dirige inevitablemente a las loas trilladas, a eso de “artesano de…” y demases. Por eso mismo le reivindico finalmente, desde un artículo que se me venía resistiendo desde hace ya tres años.
A lo dicho cabe añadir su talento como guitarrista. Siento desilusionar a los aficionados, pero como intérprete puedo decir que en el pop de carácter introspectivo como el que practica Cole las guitarras dicen más de lo que se puede intuir analizando el aspecto técnico. Robert Smith de The Cure no es Joe Satriani pero sabe cómo hacer que una canción crezca enfocando adecuadamente la ejecución y una serie de detalles harmónicos, sin necesidad de recurrir a florituras que en la mayoría de casos sólo encubren un vacío creativo de tres pares de cojones. Eso mismo es lo que Cole lleva haciendo desde hace más de veinte años, superar el limbo de los tres o cuatro acordes y reinventar los géneros desde una postura abiertamente postmodernista.

Es por lo arriba mencionado que muchos se sentirán repelidos por Cole; sus intenciones pueden ser claras, no es un artista pretencioso, pero su obra flota sobre una sustancia altamente densa. Llamadlo integridad, genialidad, tozudez o convicción. Seguramente esquivar el estrellato fortaleció su obstinada querencia por componer incansablemente. Prueba de ello es su variada y amplia carrera en solitario, ya sin The Commotions. De ese (el más interesante) segmento de su carrera debe destacarse ‘Plastic Wood’, un álbum enteramente electrónico que nada tiene que ver con el resto de su discografía. Y ‘Plastic Wood’ merece un espacio aparte que por supuesto voy a darle.
En el 2001 Cole centra sus esfuerzos y su cariño por los sintetizadores (especia poco frecuente en su abanico de sonidos) en la confección de ‘Plastic Wood’. A primera vista es una colección de piezas ambientales, pero al contrastarlo con sus trabajos anteriores se delata algo: su sensibilidad. Un ojo clínico para pulsar emociones que reaparece en, por ejemplo, los tres hipnóticos y minimalistas minutos de ‘Headlights’, un tema por el que hasta Brian Eno mataría. Puede que por eso el título de este trabajo una lo químico (el plástico) y lo orgánico (la madera). Fantasmal, perfecto, a ratos frío y desolador pero en el fondo, y al fin y al cabo, pop.
Dos años después graba ‘Music in a Foreign Language’, donde rescata y reinterpreta la amarga ‘No more love songs’, ya incluída en su notable LP junto a The Negatives (una fantástica banda con la que no ha repetido por el momento), un disco que se abría con un temazo que sigue poniéndome la piel de gallina: ‘Past Imperfect’, porqué y cómo he llegado aquí, las giras, la soledad, la necesidad de amar…
Y a finales del 2006 Cole vuelve, con lo que muchos le descubren. Es un retorno feliz para sus seguidores, no sé si también para él. El álbum se llama ‘Anti Depressant’ y no trae nada nuevo que no sea al propio Cole, quien puede presumir de que su talento permanezca intacto sin caer en el temible aburguesamiento del que adolecen muchos músicos entre los 40 y los 50.
En definitiva, Lloyd Cole es una figura comparable a la de Neil Young en términos de eclecticismo y compromiso artístico, aunque su poder popular sea prácticamente nulo, navegando entre el ser o no ser que el jodido e inculto mercado (esos cocainómanos trajeados que no saben ni quieren respetar a un artista) impone.
DISCOGRAFÍA:
- Rattlesnakes (1984)
- Easy Pieces (1985)
- Mainstream (1987)
- Lloyd Cole (1990)
- Don´t get weird on me baby (1991)
- Bad Vibes (1993)
- Love Story (1995)
- The Negatives (2000)
- Plastic Wood (2001)
- Loaded: Live in New York (2001)
- Music in a foreign language (2003)
- Anti Depressant (2006)
Escrito en STARSHIP VYNIL








