Santa me trajo el sábado un regalo: un troll.
Uno con aspiraciones, que menciona a Nikolaas Tinbergen (de citarle ni hablar) y me llama de todo sin decir nada, se permite arrebatos líricos y hasta me guiña el ojo a santo de ‘Groundhog Day’. Además, como buen troll, tiene que tener la última palabra, faltaría más. Yo les digo que le alimenten si quieren, que le acaricien y le den la razón en todo cuanto diga. Mi troll es sabio y quiero compartirlo con ustedes. Entre este post y este otro se pasó buena parte del sábado bramando incongruencias; yo le dediqué mi tiempo hasta que, pobrecico él, recurrió a eso que John Tones llamó en cierta ocasión “carcajadas de chichinabo”. No le ofrecí más terreno donde cagarse y me fui a dormir. Ayer desperté con la esperanza de que mi troll se hubiera aplicado ese sabio consejo de ’shut the fuck up’ que tanto se estila en el mundo del hampa. Pero no, tuvo la amabilidad de maravillarme con una última perla donde su edad mental quedó en entredicho.
Como buen troll ocultó celosamente su identidad, no podía ser de otro modo. Y yo venga a buscarle las cosquillas y él venga a revolcarse en el guano de su palabra, divirtiéndome con sus monerías y demás.
Gracias, Santa.
______________
Una recomendación musical. Mejor dicho, una imposición. Les ordeno replantearse el pop garrapiñado de consumo y concederle una oportunidad a ese caballero que responde al nombre de Seal. Yo tengo una curiosa historia con su música, y estas navidades ha ocurrido algo muy bello que por supuesto sólo me afecta a mí. Y me he dicho “coño, hay que reivindicarle”. No les insto a mamarse su discografía entera, basta con que se hagan con el recopilatorio que editó hace 3 años y se derritan con su volcánica garganta, llena de rasgaduras y matices, con su siseante pronunciación y la lujosa producción (Trevor Horn andaba por ahí) de su temario. Dicho recopilatorio venía acompañado de un segundo disco donde interpretaba sus éxitos en formato acústico. ‘Killer’ teñida de africano vía marimba, cómo desgarra ese riff.

Como mejor suena Seal es en las distancias cortas. Pese a que el carisma de su voz se impone a las producciones más excesivas, es en ese disco acústico donde uno puede sentirle como él pretende que le sintamos. Ahí vence a la aparente superficialidad de su música y se nos pone de un tierno que da gusto.
Y claro, mi anécdota.
En el verano de 1991 se me presentaba en casa un amigo con la cinta de un negrazo vestido de cuero (Seal siempre ha sido chic, pero en sus inicios se pasaba). Fue oír ‘Killer’ y ‘Crazy’ y recordar el timbre cazallero de Peter Gabriel. Pop de intenciones discotequeras producido con muy buen gusto (Horn, ese hombre). En Inglaterra triunfó de lo lindo, aquí no pegó tan fuerte; ahí entienden la música de club, aquí no.
Pero ahí quedó todo, el tipo me gustó pero no me caló. Y cosas de la vida, un día te ves a ti mismo haciendo majaderías autocompasivas y se te escapa una lagrimita con ‘Love´s Divine’; algo pasa. ¿Tanto duele la treintena? Te estás dando cuenta de cosicas ¿eh, cabronazo? Qué sencillo que es dejarse sedar por el ruido de fondo, por todo aquéllo que ocurre lejos de uno mismo. No sería la primera vez que celebro las propiedades terapéuticas del mainstream, aunque me preocupa desde que lo entiendo como un síntoma de vejez. Las garras se tornan romas, el corazón se relaja con demasiada frecuencia…
Seal es buena gente.
Feliz Navidad, terrícolas.
Escrito en AREA 51, SETI, STARSHIP VYNIL








