
Plataforma aérea de L.A.P.D.
Badham se basta con un sólo plano para situarnos, no tan torpe como su ejecución puede sugerir: desde la sala de control vemos elevarse un helicóptero de la policía.
A continuación el teniente Kress pasa lista en la sala de prevuelo, sólo vemos las manos de los pilotos tomando los cascos. El último en ser llamado es Murphy, pero el casco permanece ahí.
“¿Dónde carajo está Murphy?”
Después vemos a un atolondrado oficial intentando atrapar en vano decenas de papeles que vuelan rebeldemente en la pista de aterrizaje. Kress le llama y le ordena que vaya a buscar a Murphy.


¿Cómo presentar a Murphy? Badham implementa aquí una maniobra que devendría tópica, la triunfal entrada en escena del protagonista, sólo que aquí no tiene nada de triunfal. Un breve plano de los ojos, una mano que activa un cronógrafo digital y a continuación un plano general del personaje.
El oficial atolondrado entra en escena y se dirige a Murphy, quien se halla plenamente concentrado, aunque lo bastante atento como para responder con ironía al recluta patoso. No sabemos qué coño está haciendo, pero a medida que la acción transcurra sabremos más sobre el extraño ejercicio que Murphy practica. Cuando el cronógrafo completa el minuto, Murphy lo detiene al instante, sonríe y entonces es cuando entra el magnífico (estructural y harmónicamente complejo) tema principal de Arthur B. Rubinstein.
Están listos para salir. El capitán Braddock (Warren Oates) se cruza con Murphy y éste responde cínico y distante. Es presentado formalmente a Lymangood (Daniel Stern). El motivo de Rubinstein sube octavas y asistimos a una colección de planos que describen los preparativos del despegue, como si de algo épico se tratara.
Kress se arrima a Braddock y le dice que no volaría con Murphy aunque le regalaran un toro que meara Jack Daniels. Humor en el cine de acción, ya desde los tiempos de ‘Dirty Harry’, y como en aquéllas una herramienta de distensión, pero también un brochazo con el que mostrar el hastío de los personajes.
Lo cierto es que en ‘Blue Thunder’ existen numerosos fallos de raccord. Las transiciones entre escena y escena son en su mayoría bruscas, encontrándonos a pleno día para después, y sin acotación narrativa de por medio, hallarnos en un escenario nocturno. La información se encuentra desperdigada a lo largo del film, no existe un goteo ordenado de datos relevantes, y el montaje luce atropellado en la mayoría de las ocasiones.
¿Defectos? Podría hablarse de tales si la dirección de Badham no fuera tan meticulosa. Su inteligente elección de planos, que se columpia entre lo aparentemente futil y un acercamiento detallista, rayano en lo enfermizo, consigue que los vacíos narrativos de ‘Blue Thunder’ cobren la categoría de aciertos. Una realización que camina entre lo dubitativo y el enfoque de lo obvio, y no temo afirmar un estilo que puede apreciarse (bajo una forma algo más refinada) en ‘Heat’.
Dentro títulos.

Escrito en MURPHY´S LAW








