
Se ha hablado mucho y fanáticamente acerca del tono apocalíptico de ‘No Country for Old Men’.
¿Apocalíptico? ¿Dónde?
Esa gente se refiere al pesimismo, desnudo e implícito, del último artefacto Coen. No hay Apocalipsis que valga, no me busquen lecturas profundas a un relato que desde su misma elección estética y narrativa consigue entonar un sermón moral con dos cojones. Los hermanos Coen son unos becerros dorados: se aplaude su dominio visual y se les suele sobreinterpretar un supuesto subtexto que en la mayoría de ocasiones está ahí, en la desnudez de la superficie.
Una cosa es la seriedad y otra el exceso de pompa.
Entiendo que la intelectualidad esforzadilla necesite films como el presente para pronunciarse y adoptar posturas líricas. Puedo entender también que esos mismos wannabe´s se estrujen las meninges en pos de una lectura improbable. Porque mola, porque no es un Michael Bay sino un Coen…
A estos sorbedores de pedo se les escapa algo, un talento tan antiguo y corrosivo como el de Lenny Bruce. El judío norteamericano vive para dinamitar los cimientos de una sociedad que comprende como falsa y maniquea. Los Coen perpetúan esa tradición, aún sabiendo el riesgo que corren. Serán malinterpretados, exagerados y descontextualizados. Pero merece la pena, ellos lo saben.
‘No Country for Old Men’ se mira en el ‘Lone Star’ de John Sayles (paradigma del yanqui redimido) en cuanto cruza la frontera. Méjico no es una tabla de salvación, sólo un trance inútil hacia la inevitable perdición. Los hermanos Coen no son tan geniales como los han pintando, todo lo contrario, son unos humildes exploradores del medio, cultivados y críticos como pocos.
Josh Brolin representa con precisión lo que Joel y Ethan perseguían: el hombre de transición, el superviviente ambiguo. Javier Bardem es un utensilio bien aprovechado que apesta a resonancia bíblica.
De nuevo lo digo, no hay tal Apocalipsis, no se me pongan babosos, que se les ve el Corín Tellado grabado en la mirada. Lo que pasa es que pesimismo se les antoja flojo y poco profundo, así que corren desesperados hacia un refugio pedante, forzando la lectura y corrompiendo la obra por el camino.
Ustedes ya saben que me refiero a sus gaseosas personas. Lástima de su escudo cool, que les impide admitir que se hallan en posesión del más flatulento de los instrumentos: el pedo magnífico, la cátedra invisible.
En cualquier caso los Coen Bros. han parido un film de una lógica geométrica. El declive tiene una Génesis, y el Apocalipsis siempre será fruto de la ceguera y el desespero. Y sí, Joel y Ethan siguen dale que te pego con sus planos perfectos y sus diálogos justos.
Los Coen, tan honestos que no vale rascar en busca de más.








