
No se dejen engañar por el cartel, ‘The Mist’ es una crónica supervivencialista que ríanse de ‘Dawn of the Dead’. El espacio se ha reducido hasta lo agresivo, y la distancia psicológica entre sus nada arquetípicos personajes es brevísima e incómoda.
Y uno es feliz. Mucho, porque tiempo ha lanzó al aire un deseo:
“Si tan bien se le da a Frank Darabont adaptar a Stephen King que se deje de fábulas talegueras y se atreva con una de miedo”
Y vaya si se ha atrevido.
‘The Mist’ es uno de los films (de terror) más generosos que se han visto en años, si no décadas. Generoso en su (justificada) duración, en su galería de caracteres rugosos y patéticos, en su menú splatter y en su guión; hasta tiene el buen gusto de regalarnos una alusión a John Carpenter en su primera escena: Thomas Jane interpreta a un ilustrador de, mira tú por dónde, carteles de cine. Detalle completamente irrelevante, pero que sirve para mostrar el afiche de ‘The Thing’ a modo de cameo. El juego no termina ahí: arriba tienen el cartel del film, que en modo alguno sugiere el contenido de éste. Incluso el propio título propone una metáfora que se antoja como un desafío al mainstream.
El personaje de Jane es también el único que se mueve sobre raíles, pero lo hace únicamente durante situaciones contadas. Pese a su muy bien distribuido protagonismo, el relato pide a cambio un héroe casual e imperfecto, y ése sería Jane, quien además representa a uno de los dos bandos creados a raíz del desencadenante argumental.

Más personajes sitiados, y malas noticias para aquéllos que no soportan que se les descubra el origen del terror desconocido de turno. Sí, hay una explicación a todo, una que a más de uno le traerá el título de un célebre videojuego. Hasta en eso es generoso el guión de Darabont, quien de nuevo le afila el lápiz dramático a King e incluso se atreve a insertar reflexiones antropológicas. Y nada de lo listado chirría, caballeros. Y sin embargo podría: de hecho contiene los ingredientes idóneos para alumbrar otro de esos horribles ‘12 Angry Men’ salpicados de tripa y seso. Ya saben, confrontaciones entre el cada vez más reducido número de supervivientes y otros tantos de esos etcéteras manoseados hasta el abuso.
Pero ante todo ‘The Mist’ es un ejemplo de valentía. Puede presumir de pasearse plácidamente por los peores tópicos industriales mientras los dinamita sin vacilar. El espectador escéptico se verá humillado, y el entusiasta sentirá como le patean en plena entrepierna. Tras su finísima y deliberada pátina hollywoodiense, ‘The Mist’ tensa el nervio del realismo y lo hace con mesura, acertando dónde y cuándo acercarse. No perece bajo el vicio fullero de retratar con veracidad mediante la hipérbole, simplemente confía en las capacidades de un relato ya de por sí sucio y antipático.
Querrán verlo, pero no: a Darabont no le flojea el pulso en ningún momento. ‘The Mist’ confirma a un cineasta con la rara habilidad de darle relieve a las depresiones y dotar de imprevisibilidad a lo convenido. ‘The Shawshank Redemption’ y ‘The Green Mile’ pueden llevar al engaño acerca de ese talento; ‘The Mist’ es definitiva y concluyente.
Y hay más: un segmento final distendido y silencioso que concluye tajantemente, cabalgando en dos fases la sobrenatural ‘The Host of Seraphim’ de Dead Can Dance. Ahí el protagonista, tras el mínimo y obligado heroísmo previo, se desintegrará a manos de un libreto impasible lleno de aliento inconfundiblemente 70´s.
Para que luego hablen de Apocalipsis…
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