Posted by: Starman | Marzo 26, 2008

Elmo

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Alan Rudolph es un tipo que se me atraganta, y se lo dice alguien que adora a esos cineastas alienígenas e incorruptibles, léase Hartley, Jarmusch, Cronenberg y… lo cierto es que no abundan. Sin embargo Rudolph, antes de moderneces y después de elecciones, se abandonó al Romance. Uno chirriante, de forzada comicidad y extravagancia, como él acostumbra. ‘Made in Heaven’ puede resumirse con la siguiente imagen: el ancla, y no el timón, dirige la nave. Porque su cine es latoso y autocomplaciente, y la pretensión multidivergente y extraviada el alma de esa obra.

Pero ‘Made in Heaven’ es también la única prueba que constata la humanidad del gélido Rudolph. La primera parte es a todas luces soporífera, y el nudo celestial ridículo. No deliciosamente ridículo, sino ridículo a secas. El segundo bloque mejora con respecto al anterior, aunque poco. Pero paciencia, en los últimos veinte minutos el film cobra una intensidad rara y generosa.

Chico muere. Chica muere. Chico conoce a chica en el cielo. Se enamoran. Se reencarnan, pero sin memoria de su idilio celeste. Chico dispone de 30 años para reencontrarse con chica.

‘Made in Heaven’ se vendía en 1987 como una comedia romántica, cosa que no era, al menos no estrictamente. Lo curioso es que en breve ése sería un género ciertamente explotado. ¿Un film visionario? En absoluto. Y si de comedias románticas con elemento sobrenatural se trata, el mejor exponente, además de (¡sorpresa!) digerible y divertidísimo lo tenemos en ‘Just Like Heaven’, que recuerda a aquellos adorables films Disney dirigidos por el Hombre de la Casa Robert Stevenson.

‘Made in Heaven’ tiene en su segunda parte tres cameos de peso pop: Rick Ocasek, Tom Petty y Neil Young. Elmo (el Chico) vive una segunda existencia azarosa y desordenada. Y cuando empieza a sentir que costea el Fin, encuentra una trompeta, monta una banda y escribe un temazo. Empieza a acostumbrarse a la idea de que no volverá a ver a la Chica, pero el temazo y la fama le llevan hasta una transitada avenida donde…

Ahí Rudolph, después de noventa y tantos minutos de paja, de relato varado, ofrece un momento único. La conclusión que se le escapa a toda pelicula de besitos y tragedias minimizadas. Por supuesto que Rudolph es incapaz de aseverar nada con su último plano, pero su ojo, su manifiesto, es tan limitado como inspirador.

Responses

Rudolph siempre fue un mal alumno de Robert Altman y tuvo sus mimos ¡para qué! Rudolph supongo que era una de esas figuras que se dispersó con el paso de los años.

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