
Quien avisa no es traidor. ¿Otro parón primaveral? Pues claro que sí… uno vive en los dominios del Tiempo Circular. Todo tiende a repetirse, las escenas respetan un patrón ancestral. Así que el hastío, el tedio, la inapetencia y la furia suelen transitar los mismos escenarios.
A todo esto pienso en la vigencia del dilema del danés.
Si hay un sino, a él se llega a través de un sendero enzarzado. Cosas como ésta se dicen mucho y víctima de una enfermiza querencia por el drama. No voy por ahí. La imagen tiene poco de gratuita, de veras existe un sendero enzarzado. La incapacidad de muchos de ustedes para ofrecer respuestas emocionales razonables y destiladas debería ser punible… si no fuera porque hace ya demasiado tiempo que devino una actitud convenida. Y día a día, secreto a secreto, mentira a mentira, perpetúan y enfortecen esa convención.
Sí, ustedes y su todavía injustificada (porque en el fondo la saben injustificable) postura uniforme. Buscan el riesgo en el confort y viceversa, en un transplante de necesidades no carente de lógica, pero sí muy cobarde. Necesitan la palabra pero la degradan, necesitan amor pero le confieren la condición de transporte y no la de destino.
El redescubrir ‘Walden Dos’, sumado a otro desagradable encuentro con la aridez y subterfugismo humanos, revela una vez más un sinfín de vías a explorar. El mismo Skinner advertía, en su prólogo a la edición de 1976, de la probada ineptitud del hombre moderno a la hora de enfrentarse a sí mismo, anticipando muchos de los prejuicios que, como no puede ser de otro modo, asaltarían al lector de su obra. ¿Escepticismo? Nada de eso, puro y simple terror vestido de orgullo. El orgullo que no se doblega ante una verdad mayor a su radio de comprensión… “porque en ese caso no puede ser cierto, ¿no?”.
Todo esto viene a cuento de esbozarles un breve mapa de su estado, de ése que llevan arrastrando desde los albores del Tiempo, de ese litigio interno que mantienen con su animalidad y del que saben jamás saldrán vencedores. No han aprendido a redimensionar los límites de su identidad porque rechazan toda aquella situación donde su ego queda aparcado fuera. Y no aprenderán mientras se aferren a sus idearios amarillentos y sus ídolos derretidos.
Ustedes son el hedor de Dinamarca, los aspirantes a ese trono que ustedes mismos vaciaron, las esposas infieles, los eternos opositores, todos bien cubiertos bajo un triste harapo moral.
¿Adónde voy?
He barajado la idea de firmar el acta de defunción de este espacio, por motivos tan poderosos como los alegados arriba. He planeado un cambio de dirección, puede que irreversible. Finalmente he optado por lo segundo. Ya que voy a seguir aquí lo mejor que puedo hacer es acerar el discurso latente, gritar más si cabe eso de que son ustedes unos acomodados de la hostia.
Hay que ser, pero ser mucho, ser más que nunca. Pruébenlo y luego me cuentan.
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