
Más sobre ‘Iron Man’.
Parece que los flamantes Marvel Studios se han convertido en un generador de cambios y brechas. Mientras el film acierta en equilibrar un mínimo de seriedad con las dosis justas de frivolidad, fabricando una falsa nueva vía en el género heroico, el score de Ramin Djawadi resulta igual de refrescante y renovador. Djawadi se zafa del omnipresente y dictador sonido Zimmer, lo afila, y aunque la partitura contemporánea de acción suele enterrar los motivos y las melodías bajo toneladas de percusión, aquí corre el aire.
Lejos de los trucos recurrentes del círculo Media Ventures (el emporio cacofónico de Zimmer), en el score de Iron Man está la poco disimulada intención de transgredir, de rajarle el vientre al negocio tal y como se entiende a día de hoy. Djawadi no es Bernard Herrmann, claro que no, pero ha tenido el mismo espíritu que Bernie al rediseñarle la fórmula a Zimmer, le ha restregado por la cara dónde se equivoca. Eso ha divido a la crítica de scores y sus aficionados, los mismos que le guardan un inexplicable respeto al caradura de HZ. Lo de Djawadi tiene de todo: sinfonismo, guitarras rugientes, adornos electrónicos y otras especias. Parecerá obvio y fácil buscarle a la música una textura que ejerza como metáfora del héroe acorazado, pero no lo es. Djawadi puede presumir de haber conseguido algo a lo que las señoronas del negocio aspiran con demasiada frecuencia.
Y de ‘Iron Man’ a…

El bueno de Bobby, por si alguien lo dudaba, es un culo inquieto y un tipo talentoso. El caso es que ‘The Futurist’ (2004) es un grandísimo disco. Que Downey tenía habilidades musicales es algo que ya quedó claro en la preciosa coda que éste le ponía a ‘Two Girls and a Guy’, sentado al piano tocando ‘Snake’, composición claramente influenciada por las Gymnopédies de Erik Satie. Luego vendrían los duetos con la irritante Vonda Shepard… pero oigan, con Bobby de por medio todo cobra un brillo especial.
‘The Futurist’ nada tiene que ver con su título: diez piezas, la mayoría de ellas alimentadas principalmente por el piano de Bobby, montadas sobre jazz-pop aparentemente meloso; los textos de Downey están llenos de una poesía generosamente gráfica… y críptica. Bajo las imágenes que proyecta uno puede intuir argumentos familiares, puñaladas a Hollywood, ligues fugaces, relaciones que no cuajaron y mucho, mucho corazón. Súmenle una versión de Yes a dúo con el mismísimo Jon Anderson (’Your Move’) y el ‘Smile’ de Charles Chaplin, que en boca de Bobby cobra un peculiar significado.
¿Que cómo canta Downey?
A ratos recuerda a Peter Gabriel, tiene la voz rota pero sabe endulzarla cuando la nota lo requiere, y como buen actor que es acierta al enfatizar aquí y allá con una moderada impostura. A otro nivel, lo más delicioso de todo es la sensación de cercanía que impregna el disco.
A mí me tiene arrebatado.

Filter ha vuelto, pero nunca fueron una banda, sino el proyecto unipersonal de Richard Patrick, hermano del T-1000 actor Robert Patrick.
‘Short Bus’ (1995) no pudo salir en mejor momento: la revelación de NIN popularizó el rock industrial, y a raíz de ello muchas bandas de medio pelo modernizaron su sonido con tal de impulsar su popularidad. Filter fueron acusados precisamente de eso, pero no les privó de un considerable éxito allá en los USA. La culpa de todo la tuvo ‘Hey Man, Nice Shot’, un gran tema donde se vislumbraban los primeros rasgos inequívocamente filterianos: guitarrazos industriales, paseos entre una épica urgente y puntuales instantes de calma. ‘Short Bus’ era agreste y a ratos antipático, pero estaba lleno de temazos. Luego vendría ‘Title of Record’ (1999), y ahí las melodías poperas ya convivían con normalidad junto a la metralla. ‘Take a Picture’ fue su segundo hit dorado, y siguiente paso hacia la consolidación de un sonido. ‘The Amalgamut’ (2002) confirma finalmente la identidad, y ya no sorprendía encontrar guitarras acústicas en abundancia. Eso sí, acústicas follando con tormentas eléctricas, fruto de una producción quirúrgica y una visión, la de Patrick, tan nítida como subestimada.
‘Anthems for the Damned’ abre con otro de esos temas donde el susurro cariñoso, el diario personal y la garganta quebrada se ven las caras: ‘Soldiers of Misfortune’. Patrick sabe qué teclas apretar, y pese a que recurre reiteradamente a las mismas coordenadas, funciona. A lo largo del disco sonarán guiños a antiguos temas, quién sabe si porque Patrick se ha comprado un sampler… el caso es que oír los acordes de ‘Take a Picture’ de fondo provoca una sensación de redescubrimiento. Algo muy mal visto en el negocio musical eso del reciclaje sonoro, cierto. Y todavía algunos catalogan sarcásticamente a Filter como una banda de pop industrial… Razones no les faltan, pero aquí prima mi prisma. Si escuchan con atención se darán cuenta de que impresentables como Linkin Park o Limp Bizkit le deben a Patrick más de una reverencia.
Could you take my picture? Cuz I won´t remember…
Tontería de letrita, pero tiene un nosequé catártico.
Escrito en STARSHIP VYNIL








