
Mi relación con Rambo comenzó con una copia piratona de “Acorralado” que mi padre consiguió en algún extraño videoclub. Tendría yo unos seis años y quedé impresionadísimo con la crudeza de algunas imágenes. Poco después llegó al cine “Rambo- Acorralado II parte” y aunque no cayó la breva, la pude ver en video un año más tarde, aunque no me impresionó tanto. “Rambo III” se estrenó con tan mala fama que realmente no mucha gente fue a verla, y, de hecho, ni siquiera tuve prisa en cazarla en el videoclub (lo cual me extraña ya que en el año 89 yo alquilaba cualquier cosa), cuando finalmente cayó en mis manos me pareció bastante floja.
Se puede decir que, con la excepción de “Acorralado” que dejó una huella imborrable en mi infancia, la saga de Johnny no me atrapó inmediatamente. Con los años, y a base de revisar de vez en cuando las dos primeras entregas, me di cuenta de que “Acorralado” es un peliculón y “Rambo” es la macho-movie definitiva. Ambas son piezas fundamentales de mi videoteca. Es curioso que pese a que “Acorralado” mantiene un estatus de “película de calidad” (probablemente gracias a la crítica social que contiene), “Rambo” sea defenestrada y tratada de fascista… y, en un caso aún más ultrajante, de americanada, cuando la película se enfrenta de lleno contra los poderes establecidos de EEUU. Los malos aquí no son sólo los rusos y los vietnamitas, sino los burócratas que alimentaron la guerra y que abandonaron a sus veteranos. El discurso final de Rambo necesita de aclaraciones como “Yo no odio a mi país, lo amo, lo único que quiero es que él nos quiera de la misma forma”. A los veteranos, se entiende. Para más inri, Rambo se autoexilia en Tailandia, asqueado de la situación social y política de su país. Vamos, que como siempre, prejuicios y poses desde el desconocimiento y la ignorancia. Pero para mi “Rambo” va más allá de la política y bla bla. Para mi “Rambo” es la primera gran película de acción, con una increíble (e increíblemente infravalorada) interpretación de Stallone, rodada con una eficacia asombrosa por George Pan Cosmatos. El brutal éxito de taquilla que la acompañó demuestra que los años ochenta eran mucho más receptivos a un poco de sana violencia desintoxicadora. Lo que me lleva a preguntarme qué es lo que fue tan mal en “Rambo III” para que fracasara de aquella manera. Siempre lo he achacado a la calidad de la película, pero al volverla a revisar hace pocos años en dvd redescubrí asombrado una gran película de acción, de ritmo frenético y escenas espectaculares que en su día me pasó totalmente desapercibida. Sigo sin entender qué tiene de malo “Rambo III” más allá de su fama. Curiosamente, en Rottentomatoes, por ejemplo, recibe una calificación ligeramente superior que “Rambo”.
Con toda esta mítica a sus espaldas y avalada por la increíble y merecida recepción crítica y comercial de “Rocky Balboa”, “John Rambo” llegó, vio y venció. Volví a regocijarme con infantil entusiasmo cuando Rambo coge su fusil y empieza a liarla. Lo más interesante de este nuevo Rambo es que su acción está siempre en el terreno de lo realista, queriendo emparentarse directamente con “Acorralado” y alejarse del tono de cómic hiperviolento de las dos entregas centrales. La violencia es aquí exagerada, avasalladora y realista. Tan realista como se ha visto pocas veces, y la escueta premisa argumental permite a Sly darle al personaje una última vuelta de tuerca con la que redondear el arco de un personaje que empieza y acaba caminando por una solitaria carretera. Se le puede achacar a “John Rambo” la ausencia de matices, segundas lecturas o personajes más elaborados… o todo lo contrario, una acción más desopilante y espectacular, pero yo creo que, al igual que en “Rocky Balboa”, la cuarta parte de “Acorralado” es la película que necesitaba el personaje, sin una sola concesión facilona al espectador que busca un entretenimiento rápido y sin complicaciones, y que al mismo tiempo satisface al fan que todos llevamos dentro.
Me gustaría comentar un detalle acerca de una crítica leída en Imagenes de Actualidad, firmado por un Josep Parera que hace gala de una intachable tendenciosidad cada vez que escribe… en el artículo comentaba que la película era incuestionablemente homófoba porque, de manera gratuita, se mostraba al villano de la función como un homosexual. El detalle que este cabrón oculta en beneficio de su prosa es que el villano en cuestión es un pederasta. Homosexual, sí, pero pederasta, detalle que parece no tener importancia para él. No importa que el villano se folle menores de edad, lo que es intolerable es que sean niños y no niñas. Glorioso. Y es sólo una muestra de la visión sesgada, prejuiciada y miope que una gran parte de prensa y público demuestra cada vez que hablan de Stallone en general y de Rambo en particular. El único consuelo es pensar que no hace mucho hablaban en estos términos de Clint Eastwood…


No sé si habrás leído la novela original de Rambo, escrita por David Morrell, pero es DIOS. Es un libro bien escrito, bien narrado, con un final distinto al de la película que, supongo, te imaginarás.
Yo que tú me colocaría cara de Charles Bronson y me lanzaría a sacudir las librerías de la ciudad en busca del libro. No te vas a arrepentir ;)
Por: Seth Fortuyn el Junio 13, 2008
a las 7:45 pm
Muy cierto lo que dices sobre Rambo – First Blood II: con ella prácticamente se puede afirmar que empieza el cine de acción en los términos en los que lo disfrutamos desde mediados de los ochenta hasta la mitad de los noventa, esa década dorada de la hipérbole y las macho-movies llenas de esteroides, hostias, tiros y explosiones con gracia divina. Quizás Rambo III tenga tan mala prensa porque después de la cinta anterior esperábamos el Apocalipsis Bélico y ver a Johnny jugando a caballo con los talibanes (cuando todavía no habíamos escuchado esa palabra) no era precisamente lo que deseábamos ver.
Por: PJ Tena el Junio 15, 2008
a las 10:29 pm