¡Qué campestre era mi barba!

2009 Noviembre 5
by Mario Vírico
RayLamontagne

Con barba se viaja a la ilusión del pasado

Llegados al momento presente se confirma la inclinación de las industrias del espectáculo por el rescate de arquetipos pretéritos. Así, vuelve el folk descalzo y barbudo, en toda su piojosidad y espesura. Eso sí, amparado por producciones sedosas y estrategias estrictamente hi-fi; lejos quedan los tiempos en que Elektra o Atlantic creaban patios de juego para alquimistas de la psicodelia y lo acústico. Este regreso a la austeridad sónica -siempre contrapuesta a una generosidad lírica que acostumbra a confundir lo confesional con lo empalagoso- sirve para reconfortar a nostálgicos y afianzar el universo emotivo de los modernos más frívolos. El rescate de las barbas oseznas y las manchas de absenta funciona en lo mercantil. Lástima que la sensibilidad, por trivializada, sea ahora una cualidad tan sobrevalorada. No cabe duda de que el oyente tipo contemporáneo tiende a considerar únicamente el aspecto estético de la propuesta, lo que unido a la habitual carencia de referentes contrastables le limita a la superficie de la barba.

Por lo tanto abundan mojabragas disfrazados de autores introspectivos, licenciados en comunicaciones que lo dejaron todo para encontrarse a sí mismos. O eso dicen para embellecer su condición de desempleados. Sí, hay mucho niño dorado vestido de trovador tiznado. Algunos venden un falso inmovilismo y desapego social, espacios por los que no pasa el tiempo, historias que podrás contarles a tus nietos y estos a los suyos. Otros simplemente han llegado ahí por un mapa influencial que suele tener su origen en la música que escuchaba mamá a los treinta. Por último quedan quienes han encontrado en el folk una disculpa estilística a sus limitaciones técnicas.

No era ninguno de estos el caso de Nick Drake, santo patrón del movimiento. Drake tejía complejos arpegios y proponía sorprendentes desvíos armónicos a través de afinaciones alternativas. Su poesía ha sufrido lógicamente el paso del tiempo, quedando banalizada por la mala asimilación de sus émulos; un accidente muy parecido al que ha denostado la obra de Baudelaire, por poner un ejemplo ilustrativo. ‘Astral Weeks’ de Van Morrison, vaivén entre la celebración vital y la aflicción sentimental, viene a ser la segunda piedra angular del estilo que tratamos, por su maridaje entre el viento soul y la cuerda folk.

De entre la considerable cantera de (verdaderos) autores de folk hi-fi, destaca Ray LaMontagne, más cercano al primer Paul Simon que a Nick Drake. Lo interesante de LaMontagne es lo bien que comprende ese pasado sobre el que dispone su discurso. Las brumas de Tim Buckley, los arranques pasionales del Morrison astral, el equilibrio entre la confesión pausada y el mimo pegajoso del que les hablaba antes. No es fácil, en absoluto. La barba en este caso es opcional, o sugererencia de un abofeteable asesor de imagen. Lo de LaMontagne funciona, cubre la cuota atemporal y está a la altura de sus pretensiones, que no por mínimas se encuentran poco alzadas.

2 comentarios dejar un →
  1. 2009 Noviembre 5

    No hace si no meterse con mis luengas barbas. Afortunadamente como yo no se tocar la guitarra, no me ofendo.

    Pero si, lo del mercado es demencial.

  2. 2009 Noviembre 13

    Hombre!! sorpresas te da la red… Nos teníamos linkados en nuestros anteriores proyectos: tu primera etapa de Starman y “La decisión no es fácil” (no sé si te acordarás de mí, nos intercambiamos algún que otro comentario en nuestras entradas…

    Inicié mi segundo proyecto hace un año, esta vez sin tanto texto.

    Me alegro de que hayas vuelto a las plazas…

    Un saludo!

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