
Sagan Is Love
Mi recuerdo de “Cosmos: A Personal Voyage” era hasta hace poco muy difuso y aún así intenso. Quizás fueran las americanas y jerseys de cuello cisne de Sagan, los embriagadores escenarios galácticos y la música de Vangelis. Pese a no comprender entonces lo que se me presentaba, la franca sonrisa de Carl Sagan viene acompañándome desde los tempranos 80. “Cosmos” es parte capital de esa escuela futurista que, he aquí un ejemplo ilustrativo, vertebra los discos de Boards Of Canada. La sonrisa de Sagan invitaba al descubrimiento, a la búsqueda y el conocimiento. Vista hoy “Cosmos”, me confirmo que aquellas sensaciones precoces eran también nítidas. La concepción de un programa así hoy en día, me temo, es inviable. Parece haberse perdido el entusiasmo, la gran dinamo del viaje de Sagan. E insisto, su sonrisa representaba, representa, la más bella invitación a la Ciencia y la correlación de preguntas como umbral de entrada al Progreso.
En “Gethsemane”, último capítulo de la cuarta temporada de The X-Files, un abatido Fox Mulder intentaba reconfortarse a través de la conferencia de Sagan que vemos en su televisor. Es un ángulo de Mulder que nos fue mostrado muy pocas veces, y sin embargo insinuado constantemente, de un modo u otro. Mulder era, en más de un sentido, Carl Sagan, a quien Scully terminaba de representar a través de su escepticismo científico. Debo insistir también en la pérdida -quiero creer que pasajera- del entusiasmo, y en algo que dejé caer hace tiempo ya no recuerdo dónde: que el binomio Mulder/Scully fue quizás uno de los últimos signos de esa ilusión, herramienta imprescindible para reimaginar la ciencia y expandir los límites de nuestro conocimiento. Siempre nos encontraremos con esa otra clase de escépticos, aquellos que encuentran estas frases y conceptos como un delirio cultural, una fantasía autocomplaciente que no aporta ninguna clase de beneficio directo a la Humanidad. Individuos a los que, no me cabe duda, Sagan dedicaría una sonrisa y un dato inspirador. Algo del tipo “If you wish to make an apple pie from scratch you must first invent the universe”.
Afortunadamente hay quien sigue creyendo en la ciencia, a la que con tanto amor nos acercaba -y seguirá haciéndolo a través de su obra- Sagan, como bálsamo redentor y lazo conciliador. Gente como John Boswell, músico que recupera sentencias y planteamientos de diversos físicos y antropólogos -con Sagan como eje principal-, los filtra a través del vocoder y los acompaña de preciosas bases electrónicas. El resultado, más alla de su calidad musical, que la tiene, supone un bellísimo gesto, un canto a los hados del universo. El resultado confirma la vigencia de lo propuesto por Sagan, y dado el estado de este nuestro presente, resulta en un admirable acto de rebeldía. Pueden hacerse con los temas y sus correspondientes vídeos aquí, en Symphony Of Science.
El trabajo de Sagan nos dejó, entre muchos y varios legados, uno que personalmente me ha inspirado siempre. La confirmación de esa estrechísima y pocas veces reconocida simbiosis entre Arte y Ciencia, entre abstracción y fenómeno, entre el éter y la evidencia. Nos decía también, entre líneas y con su inolvidable sonrisa, que la arrogancia no entra en lo científico. Ilusión, inquietud, inocencia. Así es como uno se acerca a ese amanecer glorioso, o disfruta de una empanada de manzana.